viernes, 4 de noviembre de 2011

Para los que hace tiempo que no me veis

Quería subir una entrada hablando del encanto místico y bohemio de Praga, pero al ir a subir las fotos (no voy a cogerlas de Internet, que se note que yo tengo una réflex y Álex se dejó el trapecio cargando con su medio kilo por toda Praga) me quedé en la mano con el puerto USB donde tengo conectado el cable del Internet.

"Ah, eso es arreglable, te compras un cable nuevo y se acabó."

No, no. El cable del internet está perfecto (creo). Lo que partí se partió fue el puerto USB del ordenador. Y como además, de los 7 que tengo uno ya estaba jodido y este está conectado a otro, en cuanto se le acerca algo con intención de penetrarlo salta que le duele la cabeza y el PC se blinda rechazando hasta al ratón (el pobre no le ha hecho nada).

Álex me echó la bronca, porque dice que trato el ordenador fatal. Vale, sí, reconozco que no lo limpio desde hace unos 4 años y que puedo tener un nido de iguanas en los cables, pero creo que ha quedado claro que mejor que yo no toque nada.

El caso es que aprovechando esto, voy a poner cosas de mi vida:

- Este año no he celebrado Halloween porque estábamos dando vueltas por Praga.
- Tengo un examen en menos de 15 días que llevo a menos de la mitad. Challenge Accepted
- No fui capaz de ver al Golem.
- El curso de la ECH va a ser un experimento genial. Aunque eso suponga tener aún más cosas que hacer (digo experimento porque ni ellos mismos saben muy bien dónde vamos a llegar. Dios, en una carrera como la mía cómo mola lo no-establecido).
- También me mola neuropsicología, aunque probablemente no consiga matrícula
- Hablando de neuropsicología, el otro día hablando sobre la memoria y la identidad conté lo que nos dijeron en los seminarios de Biblia: recordar nos da una identidad y nos hace conscientes. Totalmente verdad.
- Me apetecería ir un día al Retiro a hacer fotos de otoño antes de que los árboles se deshojen

Tampoco tengo mucho más que contar. Estos son mis cotilleos jugosos jugosos. En una hora tengo seminario de bioquímica. Seminario. Esa palabra más horrible que Auschwitz y la Inquisición. Además, por el bien de mis notas, no voy a coger los apuntes con el ordenador porque sé que acabaría en Pandemium II 


A ver si esta noche soy capaz de subir las dichosas fotos.

PD: estoy escuchando Wagner. En Praga son muy musicales y estaban todo el día dando conciertos. Además, mi madre que se leyó la guía nos contó que cuando Hitler tomó la ciudad quiso que de la Ópera se cargaran la estatua de un músico judío. Los obreros, que debió de parecerles que todos los tíos con barba son iguales y que nadie se iba a dar cuenta, se cargaron a Wagner.

Sí, creo que Hitler fundó Terezin por eso.

También puede ser porque vaya a hacer como el Capitán Charlie y rociar de NAPALM toda la facultad.

Dios, Wagner es un músico de locos megalómanos.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Performance y leyendas urbanas

Sé que he estado desaparecida y esto está más desierto que el aeropuerto de Ciudad Real. La situación tiene pinta de seguir así, ahora mismo me estoy quitando tiempo de corregir fisiología por publicar en el blog. Baaaah...

No puedo novelar la práctica de hoy de anatomía. No tengo un hilo conductor salvo el del chascarrillo. Así que voy a poner con lo que me quedo de la práctica de hoy:

- Las taquillas mohosas. Una vez estuvieron a punto de caérsele encima a una chica. Yo lo vi, estaba en las escaleras de frente, pero cuanto más lo digo, más suena a leyenda urbana.

- Los 20 minutos de espera. Algunas veces pienso que esto es un experimento al estilo del de la obediencia. Un experimento sobre la credulidad. Meten unas poleas hidráulicas en los cadáveres y a ver cómo reaccionamos. Nos graban y ven qué opinamos, ven nuestras aspiraciones.

Si no, no le veo sentido a esperar 20 minutos con un frío húmedo de formol.

- El ofrecimiento para venir por la tarde de Vesalio y las risas de los bedeles diciéndonos que nos va a abrir el de abajo, que ellos no se quedan hasta las tantas.

- El grosor de la pared abdominal

- El chasquido de las costillas al ser podada. Suena como aplastar cucarachas con tijeras de podar.

- El líquido que salpica cuando traccionas de las costillas al cortarla.

- El momento en el que han enganchado con los alicates de comer langostas gigantescas el estómago y nos ha estallado el polvo graso amarillo."Ahí os lo dejo"

- El corte con el bisturí y el rumor de cómo había sido.

- El olor putrefacto de la materia intestinal, que duele en los ojos

- Los epiplones inexistentes porque al tío le habían operado ochocientas veces

- La pregunta de si era Rockefeller, ¿y quién es Rockefeller?


Una vez  me preguntaron que qué tal llevaba eso de los muertos. Creo que la gente se espera una profunda respuesta moral con altos niveles de asco y rechazo integral. Eso y anécdotas gore. Y cuando dices mweeeeh sientes que has sumado una decepción en la vida de mucha gente. No digo que no impacten, pero después de un año, cuando piensas que puedes estar durmiendo en vez de llenándote la mano de grasaza, te dan algo más igual.

Uno cosifica. Especialmente, me supongo, en una carrra como esta. El otro día un amigo nos contaba que operando él decía "da igual lo que le hagas, total, está dormido y no lo va a sentir. Si se puede arreglar, ¡da igual...!" Dicho así no querrías tenerle cerca ni con un cuchillo de mantequilla. Pero también en otras profesiones, por ejemplo, un conocido me contó que sus amigos controladores aéreos, pensaban en los aviones como si fuera una especie de Tetris.

Sólo que si la barra se tumba, se revientan personas.

Al menos ellos no se manchan las manos literalmente.

De anécdotas gore, sí, tengo un montón. Y no, esas no decepcionan a nadie. Sorprendentemente, la gente tiene un infinito interés en conocer cómo estuvo a punto de caérsete un cadáver.

El caso es que espero que el próximo día sea todo más organizado. Me siento absurda durmiendo tan poco que todo resulta una copia de una copia de una copia para que todo acaben siendo leyendas urbanas dignas de un libro de Palahniuk.

Si algún día termino algo de lo que escribo, meteré esta escena y se lo dedicaré a este hombre, el único capaz de darle un sentido a una historia en la que alguien pierde medio intestino.

viernes, 14 de octubre de 2011

Sentido

Bajamos las escaleras. La sala de suelo de conglomerado años 60 brilla en un tono gélido azulado que lanza una máquina expendedora. El pasillo siguiente es totalmente negro. Los quicios dorados desteñidos que dejamos atrás refulgen. Tanteamos el gotelé buscando un interruptor. Sólo algunas taquillas brillan, las del medio del pasillo.

- Es el escenario de una película de terror -sé que hay un interruptor en alguna parte, hoy lo han encendido. Tres arcos nos separan -, ¿sabes? Creo que podríamos follar aquí sin que nos oyeran. Y sin que prácticamente nos vieran, - ¿cuándo alcanzamos esta familiaridad como para tocarnos en la oscuridad? - aunque creo que entonces seríamos las víctimas perfectas para ser los primeros asesinados - hace frío, más frío que arriba. Cuando las prácticas de anatomía se vuelven tan macabras como torsos cortados, como en aquella pesadilla que tuve en 1º, a veces me planteo si esos espíritus no se quedaran por aquí -. Siempre mueren los que follan y los que se separan.

El fluorescente parpadeó un pasillo grisáceo.

- Coge el cuaderno, los dos libros, la bata y los condones.
- No me has dicho que ya habíais hecho el pulmón.
- No, no lo hemos hecho al final. Ya lo haremos.
- Pues aquí falta un condón. ¿Alguien tiene acceso a la taquilla?
- No, no le he dado las llaves a nadie, bueno, la he abierto al mediodía y se me han caído... te juro que no he hecho nada.
- ¿Por qué crees que dudo de ti?

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El metro en mi estación tiene las paredes blancas y mucha gente a todas horas. Una niña con una pañoleta azul y un chándal rosa desteñido le da a un botón de llamar al ascensor.
- Siento haberle dado.
- Ah, no pasa nada. Es todavía pequeña como para enterarse.

En la entrada al metro, una pareja de chicos jóvenes mira cómo la niña se pone de puntillas y vuelve a darle al botón. Ella tiene los ojos rojos y el pelo sucio. Él aparta una mochila llena y le da besos por unas correderas pálidas en su cara. La única que no mira cómo la niña presiona el botón con insistencia, les mira a ellos.

Todos tantean qué hay debajo de la pañoleta.

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En el fondo, no ha sido así. En el fondo no hemos discutido por el tema de los condones, porque él sabe que sólo los utilizaría para engañarle en una situación de riesgo, y que soy demasiado miedosa para todo el tema de las enfermedades. En el fondo ha sido un día cansado, como todos, y a lo mejor estoy susceptible porque el formol me ha hecho llorar esta mañana, como mi madre algunas noches cuando picaba cebolla. Pero no todas. Pero no he llorado esta tarde.

En el fondo la niña no apretaba con insistencia el botón. La niña tenía ojos de latina. En el fondo, ha agarrado la mano de su madre y le ha dicho "mamá, quiero ir contigo. Vámonos". Su manita desaparecía frente a las paredes blancas del metro, siendo arrastrada por las manos oscuras de su madre.

En el fondo no creo en los espíritus. Pero esa pesadilla sí que existe. En esa pesadilla soñaba con un torso putrefacto sobre una mesa de operaciones. Todos tenían partes purulentas del cuerpo humano, la mía era un torso informe y verdoso, como una masa podrida que una vez tuvo forma humana. Cuando me acercaba con el bisturí semiescondido y pinchaba en una de sus escaras, se abría. El contenido de la caja torácica se vertía de golpe, salpicándome de una pasta verdosa. Supongo que tenía miedo a los cadáveres. No entiendo por qué hoy al ver un cuerpo cortado a la altura de las cejas y a la altura del pecho no he llorado. Sólo cuando me ha dado el formol.

En el fondo tenía una entrada mejor que esta. Sobre el sistema respiratorio y las muertes silenciosas.

En el fondo tengo mucho que contar, pero soy incapaz de ponerle sentido a nada.

El condón que faltaba estaba en mi mesilla.

Algo cutre que suena a Amy Hempel, The Harvest. 

martes, 4 de octubre de 2011

Howl

En estos días de pasar apuntes y echarle codos sin cafeína a la mesa, días lentos y homogéneos que pasan frenéticos como un time-lapse de Gran Vía me entretengo memorizando algo tan absurdo como un poema beat de los años 50. Si es que eso es absurdo.

Así que según como me pongo a pasar apuntes de organografía resuena en el fondo de mi encéfalo con un tono nasal y profético... I've seen the best of my generation, destroyed by madness, starving, hysterical, naked...

No estoy como para hacer análisis literario, ni para sacar tiempo para pensar (al menos, hasta hoy). Pero creo que metáforas como la dinamo estrellada, who were burned in their innocent flannel suits, alucinando Kansas, Moloch, great suicidal dramas, nytroglicerine shrieks of the fairies of advertisment, alcohol, cock and endless balls. 

Cuando dice que este poema fue arrancado de las almas para alimentarlas 100 años, creo que al menos 50 ha conseguido. La verdad es que a mí también  me hubiera gustado vivir en una época de alcohol, pollas y bailes eternos; pero creo que cada uno estamos donde debemos estar. No como un orden superior, sino simplemente una consecuencia de nuestras acciones... de mentir para no recibir un electroshock por ser homosexual y conservar tus conexiones mentales intactas para escribir Howl.

Esas conexiones que yo me he pasado toda la tarde estudiando.

Yo también tengo formaldehyde, rotten cocks, endless white balls...

A lo mejor algún día puedo escribir algo que suene como...

I've seen the best of my generation
destroyed by pressure,
dehydrogenated, anemic, taken...



jueves, 29 de septiembre de 2011

El valor del esfuerzo

Todo esto viene a raíz de una conversación de descanso mientras comíamos ranas de chocolate (no, mentira, KitKat es lo más parecido que hay en la complu, pero después de algunas clases el chocolate es necesario contra los dementores...) en el que nos enteramos de que una persona a la que queremos mucho ha conseguido después de muchísimo esfuerzo encaminarse en dirección a su sueño.

Y de aquí surgió una conversación, en la que mis amigas afirmaban que todo es posible. Pero yo creo que no. Bueno, no hace falta decir que suelo ser la nota pesimista-realista, pero tengo mis motivos para pensar que no todo es posible.

Primero, a mí me parece que uno tiene que asumir sus limitaciones. No entiendo por qué esto le parece a tanta gente muy negativo. Supongo porque en el fondo se confunde asumir las limitaciones con autoponérselas. Y no tiene nada que ver. Cuando empezamos anatomía y estábamos viendo la inervación del brazo, el profesor nos dijo que con práctica todo se consigue, sólo que algunos necesitamos más y otros menos. A lo mejor yo podría llegar a ser muy buena jugadora de baloncesto, pero tendría que echarle muchas más horas que un tío de 2,10 que lleva jugando desde los 7 años.

Mucha gente decide no medirse, tanto por un lado como por otro. Yo sé que ahora mismo ando totalmente descompensada, pero es lo que hay. Es lo que hay si quieres que tus clases consistan en ver una reconstrucción mamaria, como me han contado por ahí...

Y paso con esto al siguiente punto, ¿merece la pena esforzarse? Para mis amigas es un valor seguro. Para mí depende totalmente de la persona. Es difícil saber hasta dónde puedes llegar, pero saber hasta dónde quieres esforzarte para llegar no lo es tanto. Cuando esta amiga nos contaba los comentarios bien intencionados que minaban su autoestima, yo contesté que algunos irían a malas, pero otros serían simplemente consejos. Con el tema Selectividad me planteé muchas veces como segunda opción Biología. Soy de ese porcentaje que estudia medicina porque le interesa el cuerpo humano, y el tiempo me demuestra que no me he equivocado. Por eso pensé que estudiar seres vivos en general me sería más satisfactorio que aprender a tratar enfermos como pueda ser Enfermería. Y siempre tuve claro que uno puede tener mala suerte y que la primera opción no tiene por qué tocarte.

No me parecía que Medicina mereciera un viacrucis universitario.

Un año después, tuve un calvario en el Gólgota y todavía no he resucitado.

Así que realmente, uno y solamente uno valora lo que es necesario. Este chico, conociendo de cerca su sueño, creo que ha medido muy bien sus posibilidades y cuánto quería dar - que ha sido mucho, por cierto -. Y aún le queda, le queda mucho, pero se ha demostrado a sí mismo que puede con todo.

No me gustan los optimismos ciegos y descarriados, porque al final se acaban quedando en una vana sensación de poder que nunca conduce a nada. Pero tampoco el pesimismo pragmático del que hago gala en muchas ocasiones.

Tienen razón mis amigas, ya va siendo hora de que esto aparezca en mi vida:








 
PD: nuevo album de Kasabian. Ya tengo un concierto de The Horrors pendiente, pero si Kasabian no cae en exámenes no me lo quita nadie
 


Soy algo más visual...

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