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viernes, 18 de enero de 2013

Madrid a los 21

Madrid me asfixia. Madrid me agota, me agobia.

Madrid, Madrid por las mañanas, cuando está amaneciendo y la neblina se forma en torno a la parada de bus, Madrid y sube el volumen de los cascos - si los llevas puestos - cuando los coches arrasan el pavimento gris, cuando suenan las ambulancias desde clase. Hay más ambulancias últimamente.

Madrid, y estudias, estudia mucho, estudia hasta salir de noche con las farolas de bola hasta la calle, con las manos metidas en el bolsillo. La sensación de mal estómago. La sensación de cansancio con regustillo a café de máquina.

Este es mi Madrid, estas son mis tardes y mis noches...

Estos son mis 21.










domingo, 11 de marzo de 2012

8

Dicen que uno de los síntomas de hacerse mayor es que recuerdas demasiado. Para mí es uno de los síntomas de que estás demasiado introspectivo. 


Supongo que esto es algo que contaré a mis nietos.



Recuerdo en mi calle los coches de policía, y las ambulancias. Recuerdo querer agarrarme al brazo de quien me llevaba al colegio. Decía, "no mireis, no mireis". Me aseguraron que iba a estar mejor allí, más distraída. Me dijeron que la lámpara del salón había temblado, que pensaron en un terremoto. Algún profesor intentó dar clase hasta que I. empezó a llorar. "Mis padres han pasado esta mañana por Atocha. Siempre pasan por Atocha". Cuando I. se calmó empezó C. Faltaba gente. Empecé a llorar. Mis padres también pasaban por Atocha, todas las mañanas. Vinieron a buscarme. Hubo una amenaza de bomba en la 2ª planta, buscando a mi hermana. A los que estábamos saliendo nos obligaron a sentarnos en el pasillo de azulejos verdes con la cabeza bajada. Las cristaleras de las clases como una amenaza.

Volviendo a casa seguían las ambulancias y los coches de policía. "Todo OK" decían todos. Nos pidieron el DNI para ir a casa y comprobar que éramos residentes. Nos prohibieron ver la tele. Antes de hacerlo, informaron de que el polideportivo del barrio se había cerrado para meter cuerpos, que habían ido médicos y que había una pierna colgando de un cable telefónico. Nos asomamos a la ventana, pero sólo veíamos el tejado en pico de metal. Nos bajaron la persiana a la mitad.

Recuerdo también la campaña de donación de sangre masiva después. Cómo decían que la Comunidad de Madrid "se había volcado". Recuerdo enfadarme al día siguiente porque era la delegada de clase, y al hacer el mural me parecía que poner las letras en amarillo, rojo y negro se parecería más a la bandera alemana que a cualquier símbolo de luto. Cabrearme con la democracia. Recuerdo las mesas puestas en el centro, como en un banquete, declararme atea poco después y no rezar esos días. Ese viernes tampoco fue mucha gente. Recuerdo en la tele niños del colegio rival al nuestro declarar que tenían sordera transitoria, pero no recuerdo conocer a ninguno. Recuerdo ir al centro médico y ver coronas de flores a lo lejos, y velas, y mi madre tirándome del brazo. Recuerdo acompañar a mi familia a votar, lo lleno que estaba ese centro. Sólo recuerdo dos votaciones: esa y la primera en la que voté.

Recuerdo crticiar el monumento en Atocha. Oda al papel del wáter. Recuerdo los puestos con víctimas, pidiendo información manipulada y sesgada.

Recuerdo caminar encima de las vías del tren y señalar a lo lejos el punto donde ocurrió. 


sábado, 3 de marzo de 2012

Un añito

Este blog, hace poco que ha cumplido un año.

Para mí el blog hace años cuando termino los exámenes. Y como esta vez los he terminado en Marzo, pues en Marzo.

El blog surge de un deseo de contar la vida de un estudiante de medicina sin edulcorantes ni viajes épicos. Es decir, todo lo contrario a los libros sobre médicos que se vuelcan en la medicina y arriesgan sus vidas por un saber. He intentado explotar lo tétrico, tosco y rancio que tiene la medicina, para contraponerlo a las historias de mariposas y bisturí.

Y sí, la medicina (o al menos la faceta que conozco ahora) tiene mucho de tétrica, tosca y rancia. Es absorbente e intrigante, está llena de recodos llenos de información. Es agobiante y asfixiante, se enrosca a tu pecho como tuberculosis, asma. Le gusta verte llorar. Te sigue por los pasillos, pegada a tus pies como un velo de biofilm, huele a compost fundido, a polvo, a químicos. Es de color azul pálido, el reflejo de los fluorescentes.

Ahí estás, todas las mañanas levantándote. Con anemia. Produce lluvia durante tres horas seguidas, llena 1000 palabras en una hora. Sabes el esfuerzo de escribir. Sabes el valor de 1000 palabras. Plantéate una trombosis. Ahí sigues. Intenta entender esas 1000 palabras, grabarlas en tu cerebro con muescas en un chip. La textura blanda, suave y lúbrica de tu cerebro. Los libros con las páginas despuntadas y las tapas ásperas. Las mesas con la superficie irregular, acuchilladas del uso.

El conocimiento. El conocimiento profundo y líquido, en una cueva de calizas. Por eso sigues. Por pasar tu mano sobre ese agua prehistórica y poder entender por fin.

Así que me he dado cuenta de que hay más que las clases con las paredes color blanco incendio.

Pero no voy a explotarlo, porque yo comparto mi privacidad. No mi intimidad.





lunes, 26 de diciembre de 2011

Beafeater London Market 2011

Este es el tercer año consecutivo en el que Beafeater trae su London Market a Madrid. Yo me enteré por casualidad, por un comentario del que hablaré luego. Álex fue escuchar London, Market y leer que traían mercados de Camden y arrastrarme.

Este año, el Beafeater London Market tuvo lugar los días 17 y 18 de diciembre, en el instituto Ramiro de Maeztu. Estaba compuesto de 34 puestos de los mercados de Camden, Portobello y Spitalfields. 


Álex y yo decidimos ir el domingo. Como el aforo era limitado y costaba sólo 3 euros, nos presentamos a las 10:30 allí. Aunque el domingo el market no se llenó, tuvimos la suerte de poder dar vueltas y comparar sin codos en los pómulos ni axilas con jerseys (lo cual, cuando mides metro y medio es una suerte).

Nada más entrar, un photocall, una tienda de military goods y Cyberdog.

Cyberdog ocupaba dos puestos enteros. Estaba cerrada, habían puesto sus luces estroboscópicas, su música rave y a dos bailarines a juego con la estética de la tienda: novedosos, atractivos y asequibles. La ropa de Cyberdog tiene un toque hiperfuturista para fiesta, lo que ellos llaman rave. Aunque su vestuario consista principalmente en licra y colores flúor, no pareces una morcilla marciana con él. De hecho, incluso las modelos de su página no son las estatuas del Moloko Bar.



El siguiente puesto que nos llamó la atención fue Black Rose. De este no conocía el nombre pero sí lo había visto en Camden. Un puesto de estilo pin-up algo caro, pero en comparación con las tiendas Rockabilly españolas un chollo. Rebuscando mucho, me llevé una camiseta que tenían en oferta muy sailor y unas pinzas con forma de manos esqueléticas. Lo de las pinzas fue flipante: yo las había visto ya hasta la saciedad y me parecían muy modernas, pero debe ser que los médicos se mueven por otros ambientes para que llamaran tanto la atención.


Los otros puestos nos llamaron menos la atención. Mucha ropa vintage, un puesto de mangos clásicos ingleses con nuevos objetos con un set de afeitado que le gustó a Álex y tres o cuatro puestos de complementos. Yo destaco un puesto de vestidos lolita y otro de vestidos años 50. Cuando fui al baño me encontré con una de las chicas de la tienda de los vestidos años 50 fumándose un cigarro, y como no tengo tiempo para clases de inglés me puse a hablar con ella.

Conclusión de la conversación: "I've been told so many times that in Spain you can't dress like that. It's sad, isn't it?" Me remito a las pinzas de manos en medicina.

Álex se compró en Cyberdog una camiseta de Ravespotting y una bufanda, yo me compré otra bufanda y los dos compartimos una caja de CDs con las sesiones de Cyberdog. Tuvimos la enorme suerte de que fuera el día "Pounds=Euros" así que lo que nos habría costado 120 euros nos salió por 75. Juraría que Álex lloró por no poder llevarse la tienda entera.



Cuando volvimos acompañados por la tarde (porque los echeros no iban a desaprovechar un mercado inglés) habían puesto animación. Un mimo de Charles Chaplin nos entretenía en una cola inmensa mientras un propio pasaba un cartel en el que decía que no se podía pagar con tarjeta dentro mientras que un Mr Bean fingía colarse.

Pagar tres euros por verlo merecía la pena, aunque ni de lejos tenía la esencia boho y punk que caracteriza a Camden (no sé si a Portobello y a Spitalfields, pero lo dudo profundamente). Lo peor, aunque a nosotros nos viniera bien, es que no dejaran pasar menores.

Así fue como descubrí al Beafeater London Market, por una queja de una madre que no podía ir con su toddler. Incluso a una amiga le pidieron el DNI. Yo le pregunté a uno de los organizadores por qué no podían pasar menores y me dijo que porque estaba patrocinado por Beafeater y se vendía ginebra dentro. ¿Y qué? Me refiero, si dejas pasar a un bebé de dos años no creo que ni le den ginebra, ni decida hacer botellón por estar en el BLM. Y lo mismo, si pasa una chica de 15 años dudo mucho que a) beba y b) vaya a hacer botellón con ginebra, porque todos sabemos que la ginebra no lo peta en ningún botellón.

Otra de las cosas que era bastante clara es que era un outlet. Todo estaba lleno de rebajas, y Cyberdog no había traído ropa tremendamente novedosa (de la que sale en su página web). No me quejo, y me parece bastante razonable que así fuera, pero es un hecho. Además, les salió bien la historia: había abueletes con bolsas de Cyberdog bajando por Serrano.


Si tengo que elegir, me quedo con Mr Bean raving:








martes, 20 de diciembre de 2011

Enfermita

Otra vez mala.

Suelo pillar un catarro por estas fechas. Es mi máxima capacidad de manifestación navideña.

Recuerdo unas Navidades especialmente divertidas cuando yo estaba en un pijama rosa de Snoopy y se presentaron cuatro amigos con dos pelis de American Pie y una bolsa de palomitas en la puerta.

Cuando tú no te paras, el cuerpo te para. Y desde exámenes no he levantado cabeza. Además, hice caso omiso de mis necesidades de dormir yéndome de fiesta o estando todo el día andando con el frío de diciembre. Todo eso sumado al hecho de que sabeis que la semana pasada no fue una buena semana. Y si no lo sabeis tampoco lo voy a contar aquí, que ni soy una seudo-adolescente ni pretendo serlo.

Después de la semana de mierda, el viernes estuvo genial. Estuvimos durante tres cuartos de hora 11 en una mesa de 6 despotricando sobre medicina. Después de cenar fuimos andando a un sitio que estaba bastante bien. Incluso bailamos la Danza Kuduro y todas las canciones por ese estilo. Los médicos de fiesta, una rara avis al menos en los cursos no-clínicos. Aunque luego los que te vienen a vender bolígrafos y entradas de fiesta de 6º parecen n00bs.

El domingo hicimos quedada de recuperación de la ECH.

Fue extraño, porque hacía como 100 años que no nos veíamos. Y la última vez fue un poco tirante. Ahí estábamos un pequeño grupo (un muestreo, como en el examen de epi), año y medio más mayores. La comida y el plan de después tuvo un toque nostálgico y de cabreo general. Si la ECH es nuestra adolescencia, con todos nuestros proyectos y esperanzas, la universidad es el absurdo encuentro con la realidad del futuro cutre y soso.

Por la tarde, nos fuimos al London Market. Álex y yo habíamos ido por la mañana, y lo habíamos flipado. Así que decidimos repetir por la tarde. Entre las tiendas estaba Cyberdog. Cuando el tío que nos cobró me dijo "today euros and pounds are the same" dije "woah, happiness day then" y nos infló a pegatinas. Álex se compró una camiseta y una bufanda, yo otra bufanda y compartimos los discos de las sesiones de Cyberdog. Lo que nos hubiera costado unos 110 euros nos salió a 75 euros (happines day then). Yo también me compré una camiseta a lo sailor pin-up y unas manos con forma de calavera. Pero ya me explayaré más sobre esto.



Luego tocó Starfaps en el que decidimos que íbamos a seguir siendo escritores ante todo y alguien decidió que el iPod de la Sta. Caufield era precioso.

Volvimos a casa desde Nuevos Ministerios andando y fue una vuelta genial. Rajando mucho.

Eso sí, ahora estoy con constipa y muchos proyectos para navidades.   

lunes, 19 de septiembre de 2011

Agradecimientos

Pues sí, hoy tengo que hacer una ronda de aplausos. Porque hoy me siento en clase tan limpia y pura como la chica que se va a Hollywood y su conocimiento de la maldad se limita al niño que le tiraba de las trenzas en su pueblucho de Texas.

- A L. Acuarelas y R. por sus apuntes de fisiología. Sin ellos aún pensaría que el corazón lleva pilas.

- A R. por sus magnifícios apuntes de bioQ caligrafiados. El metabolismo tuvo un sentido nuevo gracias a ellos.

- A L. Monkey por venirse algunos días a la biblio conmigo. Creo que a ambas nos vino muy bien, ¿no?

Una mención honorífica especial a Álex. Porque soportarme en exámenes tiene mucho mérito. Soy como una masa enfermiza blanquecina de pupilas dilatadas que pierde agua por todos sus poros. Vamos, como si un Cullen se tira a Bob Esponja. El caso es que él siempre arrastra de Ecullen Esponja y parece no importarle. O guardárselo para cuando pueda gritar sin estar bajo los efectos de la esquizofrenia.

Y otra para mí. ¿Por qué no? Porque estas calificaciones me han sabido casi tan bien como la matrícula de bachillerato. Con la diferencia de que en estas he dejado sudor, lágrimas y sangre. La sangre es literal; todos sabeis que estoy a base de carne roja... (es lo que tiene que ser una violación de un Cullen). Pero aún así yo me lo he currado.

Quién me lo iba a decir en Enero.

Quién me lo iba a decir en Septiembre.

 

Todos sabeis que en Septiembre suelo encapricharme oportunidades que no son mías. Pero igual que por casualidad encontré una carpa en mi regazo cinco meses después, esta vez me he tenido que meter en el fango para encontrar el koinobori que colgaré en mi ventana.



Soy algo más visual...

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