Hola, soy Hermione Granger.
Me he comprado una especie de bola dorada hortera. Es mi giratiempos.
Funciona pensando mucho.
Ahora estoy matriculada en dos universidades a la vez.
¡Qué estresante es la vida de una chica perfecta...!
sábado, 10 de septiembre de 2011
Superación y el chico al que sus padres deberían de haber llamado Laika
En un prinipio tenía pensado titular esta entrada como Éxito vs. Superación; luego me he dado cuenta de que el éxito está implícito en la superación. La superación en el éxito no; a Belén Esteban me remito.
Todo esto viene de dos motivos; uno, que el chico al que sus padres deberían de haber llamado Laika ha vuelto a superarse a pesar de tener una nueva dificultad en su vida (parece un culebrón barato con un chico buenorro de protagonista, yo estoy enganchada). El otro, una conversación en el VIPS en la que tuve que pedir a mi interlocutor que me recordara lo que había pedido. Sí, en ese estado se encuentran mis neuronas. Pero ese es un tema aparte.
El caso es que yo le decía que la base para superar medicina está en la superación; él decía que está en aprobar y yo en superarte a ti mismo estudiando. Creo que la verdad - MI verdad - está en un término medio.
Cuando me di cuenta de que los exámenes de medicina no se aprueban estudiando el día de antes e yendo con una gran, graaan sonrisa, me planteé estudiar para aprobar, labrarme un porvenir, etc... y como dos semanas más tarde la preocupación fue en aprender a hacer el pino para vivir de perroflauta en Amsterdam. Juiciosamente, me dijeron que con mi estilo de vida, el perroflauta no me va nada. Y es verdad, teniendo en cuenta mis defensas, a mí la mierda me come, pero me come de verdad.
Con todo esto, quiero decir que a mí no me funciona poner las recompensas en algo extrínseco. No soy ambiciosa. Si yo este verano me he apuntado a inglés no es para sacarme el Proficiency; es porque notaba que estaba perdiendo fluidez y me gusta entender el inglés. Punto. Si voy a clases de literatura y pensamiento no es porque quiera suplantar a Palahniuk; (ni como Stephenie Meyer pero con más tabaco), es porque soy feliz haciéndolo; si es que se puede llamar feliz a una actividad.
No es que sea feliz estudiando, pero pensando en un duplex y en unos pasillos a lo Anatomía de Grey no me merecía la pena echarle horas y horas hasta que mi culo pareciera tan plano como un taco de apuntes. Que además, si la universidad pasó de ser una mezcla entre American Pie y La Sonrisa de la Mona Lisa (sí, con 10 años me gustó esa película) a Ranciocina, no creo que en el hospital tengamos embarazos ectópicos ni gente empalada por las vías de un tren ni esas cosas.
Ni gente guapa, empezando por mi moño-peineta-bic en exámenes.
Así que, me propuse estudiar para superarme a mí misma. Y fue lo único que me hizo reaccionar. Superarme a mí misma y no ser un deshecho social en una carrerita fingiendo que tengo 17 años aún. No por medicina. Medicina se puede dejar; de una forma más fácil de lo que se deja la cocaína. Pero un trabajo tras otro no. Ni un hijo. Llegado a un determinado momento, te planteas si quieres dejar algo porque no es lo que te gusta o porque no puedes afrontarlo. Está claro por qué me lo planteé. Y está claro la decisión que tomé. Y qué ocurrió al final.
Lo que pasa es que para tomar esa decisión, yo llevo un bagaje emocional muy sano, de un entorno que me quería y me aportó la suficiente autoestima como para demostrarme que yo no estoy por encima de cualquier obstáculo sino que tengo la fuerza suficiente como para sobrepasarlos.
Pero alguien que ha conseguido un logro mucho más importante que yo, no ha tenido ese entorno. Si algo han hecho por él, es hacerle de menos; constantemente, desde el mismo instante en el que apareció su amasijo de células moviéndose. Y ahora, con su esfuerzo, él ha conseguido llegar mucho más lejos de lo que quisieron hundirle. Ayudado sí, pero con toda su voluntad. Y esta voluntad ha significado el descubrimiento de una dificultad latente.
Sé por qué ha tomado esta decisión; pero creo que ni él mismo se da cuenta que la cosa va más allá de dónde viviremos. Por lo pronto, a mí me ha demostrado que se puede todo:
C'mon Alex, you can do it
PD: Conversación de besugos con Swanney sobre nombres. Por cierto, se dice así; Wie heisst du? (no me voy a poner a buscar la "es set" o cómo se escribiera por un quítame unas pajas). Parece ser que después de tres años sin tocar alemán me acuerdo de más cosas de las que debería.
PD2: ayer abrí mi libro de die Österreich sobre Klimt y encontré esto:
Klimt, tan sublime como siempre. Algún día haré un post de la Medicina de mi vida, con todas las imágenes que me gustan y recogen mi sentir por ella.
Estoy obsesionada.
Se lo decís a mis GABA.
Todo esto viene de dos motivos; uno, que el chico al que sus padres deberían de haber llamado Laika ha vuelto a superarse a pesar de tener una nueva dificultad en su vida (parece un culebrón barato con un chico buenorro de protagonista, yo estoy enganchada). El otro, una conversación en el VIPS en la que tuve que pedir a mi interlocutor que me recordara lo que había pedido. Sí, en ese estado se encuentran mis neuronas. Pero ese es un tema aparte.
El caso es que yo le decía que la base para superar medicina está en la superación; él decía que está en aprobar y yo en superarte a ti mismo estudiando. Creo que la verdad - MI verdad - está en un término medio.
Cuando me di cuenta de que los exámenes de medicina no se aprueban estudiando el día de antes e yendo con una gran, graaan sonrisa, me planteé estudiar para aprobar, labrarme un porvenir, etc... y como dos semanas más tarde la preocupación fue en aprender a hacer el pino para vivir de perroflauta en Amsterdam. Juiciosamente, me dijeron que con mi estilo de vida, el perroflauta no me va nada. Y es verdad, teniendo en cuenta mis defensas, a mí la mierda me come, pero me come de verdad.
Con todo esto, quiero decir que a mí no me funciona poner las recompensas en algo extrínseco. No soy ambiciosa. Si yo este verano me he apuntado a inglés no es para sacarme el Proficiency; es porque notaba que estaba perdiendo fluidez y me gusta entender el inglés. Punto. Si voy a clases de literatura y pensamiento no es porque quiera suplantar a Palahniuk; (ni como Stephenie Meyer pero con más tabaco), es porque soy feliz haciéndolo; si es que se puede llamar feliz a una actividad.
No es que sea feliz estudiando, pero pensando en un duplex y en unos pasillos a lo Anatomía de Grey no me merecía la pena echarle horas y horas hasta que mi culo pareciera tan plano como un taco de apuntes. Que además, si la universidad pasó de ser una mezcla entre American Pie y La Sonrisa de la Mona Lisa (sí, con 10 años me gustó esa película) a Ranciocina, no creo que en el hospital tengamos embarazos ectópicos ni gente empalada por las vías de un tren ni esas cosas.
Ni gente guapa, empezando por mi moño-peineta-bic en exámenes.
Así que, me propuse estudiar para superarme a mí misma. Y fue lo único que me hizo reaccionar. Superarme a mí misma y no ser un deshecho social en una carrerita fingiendo que tengo 17 años aún. No por medicina. Medicina se puede dejar; de una forma más fácil de lo que se deja la cocaína. Pero un trabajo tras otro no. Ni un hijo. Llegado a un determinado momento, te planteas si quieres dejar algo porque no es lo que te gusta o porque no puedes afrontarlo. Está claro por qué me lo planteé. Y está claro la decisión que tomé. Y qué ocurrió al final.
Lo que pasa es que para tomar esa decisión, yo llevo un bagaje emocional muy sano, de un entorno que me quería y me aportó la suficiente autoestima como para demostrarme que yo no estoy por encima de cualquier obstáculo sino que tengo la fuerza suficiente como para sobrepasarlos.
Pero alguien que ha conseguido un logro mucho más importante que yo, no ha tenido ese entorno. Si algo han hecho por él, es hacerle de menos; constantemente, desde el mismo instante en el que apareció su amasijo de células moviéndose. Y ahora, con su esfuerzo, él ha conseguido llegar mucho más lejos de lo que quisieron hundirle. Ayudado sí, pero con toda su voluntad. Y esta voluntad ha significado el descubrimiento de una dificultad latente.
Sé por qué ha tomado esta decisión; pero creo que ni él mismo se da cuenta que la cosa va más allá de dónde viviremos. Por lo pronto, a mí me ha demostrado que se puede todo:
C'mon Alex, you can do it
PD: Conversación de besugos con Swanney sobre nombres. Por cierto, se dice así; Wie heisst du? (no me voy a poner a buscar la "es set" o cómo se escribiera por un quítame unas pajas). Parece ser que después de tres años sin tocar alemán me acuerdo de más cosas de las que debería.
PD2: ayer abrí mi libro de die Österreich sobre Klimt y encontré esto:
Klimt, tan sublime como siempre. Algún día haré un post de la Medicina de mi vida, con todas las imágenes que me gustan y recogen mi sentir por ella.
Estoy obsesionada.
Se lo decís a mis GABA.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Slaughterhouse 5
Más conocido en español como "Matadero 5".
Un profesor de inglés genial me recomendó el libro por segunda vez consecutiva; y como hablaba estupendamente y tenía una opinión lo suficientemente formada como para saber que no me iba a recomendar Ángeles y Demonios, decidí sacarlo de la biblioteca.
Normalmente cuando leo en inglés no suelo ser tan crítica, porque me cuesta más desdoblar la mente en "qué estoy leyendo" y "qué me quiere decir". Así que entiendo totalmente el texto pero soy menos crítica. Aún así, no me pareció ver en una primera lectura por qué no nos lo habían recomendado en la ECH. Luego me habían dicho que sí lo habían hecho. No me extraña.
El libro me ha gustado, y mucho.
El prólogo ya es desolador. Un hombre - Kurt Vonnegut - que quiere escribir sobre el bombardeo de Dresde, el Hiroshima europeo. Por lo que yo sé de historia, cuando los alemanes perdieron la guerra, los aliados les dijeron que bombardearían las ciudades que tuvieran más de X habitantes. Así por que sí, destruyamos cultura. El caso es que si el límite estaba en 500000 habitantes, Dresde, la Florencia del Elba, andaba por los 350000. Y aquella mañana la gente se levantó a trabajar. Sin miedo a las bombas. Los médicos trajeron a niños al mundo; y los carniceros despacharon filetes y alguien prepararía un guiso especial. Y luego kaboom; la Luna al descubierto. Kurt Vonnegut lo vio. Eso dice él.
Y después del prólogo, viene la historia de Billy Pilgrim (curioso apellido). En el primer capítulo te la cuenta entera, nace, se va a la guerra, está en el bombardeo de Dresde, vuelve, se hace optometrista, pasa un tiempo en un psiquiátrico, se casa con una chica que no puede dejar de comer, se hace el dueño de la compañía de su padre, tienen dos hijos. Entonces él tiene un accidente de avión siendo el único superviviente; pero teniendo recuerdos de haber sido abducido por los Tralfalmadorians (tralfalmadorianos, supongo en español) y de haber sido capaz de viajar en el tiempo a lo largo de su vida.
Esto es una mera excusa para el propósito del libro; que para mí es el horror y el absurdo de tratar de entenderlo.
Una imagen que destacaré fue, cuando Billy habla de la guerra a los Trafalmadorian como estos cierran sus manos sobre los ojos. Me lo imaginé como un movimiento calmado e inocente; nosotros lo vemos todo pero nos negamos a repetírnoslo constantemente. No podemos más, y como no podemos más lo ignoramos.
Por lo que he puesto anteriormente, la novela es totalmente atemporal. Es una historia lineal contada a trompicones, según el viaja a través de ella. Y la forma en la que se describe el absurdo del horror es brutal. Ahí tiene una cierta reminiscencia a Apocalypse Now, con el grupo de niños soldados (no en vano el libro "se apellida" The Children's Crusade) y el patetismo de la guerra. Hay una frase que dice algo así comothe German officers were waiting for all the brave and courageos American soldiers. All they found was a bunch of thin, crooked men walking slowly down from the train. One of them was wearing no shoes, and also a civil coat which left uncover most of his arms. En esa línea va el libro.
También tiene unas metáforas estupendas, y unas contradicciones que elevan a la voz sosa que te narra con toda tranquilidad la experiencia alienígena de Billy Pilgrim. Incluso los caramelos que come su mujer significan algo. Y para mí, eso dice prácticamente de forma automática merece la pena leérselo.
A veces se repite más que el ajo y algunas partes se hacen un poco pesadas, pero en general es un libro muy, muy bueno y muy recomendable.
---------------------------------------
Tengo ganas de escribir y ponerme autobiográfica. Pero no de la mía; o a lo mejor sí. Me he leído el Adversario y me he dado cuenta de lo fácil que es fingir que sigues estudiando la carrera. No sería la primera persona en ir a prácticas sin haber pisado la facultad de Medicina un sólo día. Es curioso que el tío elijiera esta carrera y eso le desquiciara tanto. Probablemente estoy viendo cosas donde no las hay, pero me resulta curioso que justamente eligiera esa vida con la carrera de medicina.
Tengo compañeros que cogen apuntes para ser leídos por otros y susceptibles de tener un estallido tan silencioso y tan violento, aunque espero que no lo hagan.
Todo esto es del Adversario, libro sobre el que divagaré algún día.
-----------------------------------------
Después de tanto estudiar bioquímica, me he acordado de una frase que alguien dijo que sonaba a algo como "No, yo como muchos donuts, lo que pasa es que pienso mucho y los quemo."Así que un día de estos explicaré qué son los cuerpos cetónicos y qué pasa si consumes más azúcar del que necesitas.
Un profesor de inglés genial me recomendó el libro por segunda vez consecutiva; y como hablaba estupendamente y tenía una opinión lo suficientemente formada como para saber que no me iba a recomendar Ángeles y Demonios, decidí sacarlo de la biblioteca.
Normalmente cuando leo en inglés no suelo ser tan crítica, porque me cuesta más desdoblar la mente en "qué estoy leyendo" y "qué me quiere decir". Así que entiendo totalmente el texto pero soy menos crítica. Aún así, no me pareció ver en una primera lectura por qué no nos lo habían recomendado en la ECH. Luego me habían dicho que sí lo habían hecho. No me extraña.
El libro me ha gustado, y mucho.
El prólogo ya es desolador. Un hombre - Kurt Vonnegut - que quiere escribir sobre el bombardeo de Dresde, el Hiroshima europeo. Por lo que yo sé de historia, cuando los alemanes perdieron la guerra, los aliados les dijeron que bombardearían las ciudades que tuvieran más de X habitantes. Así por que sí, destruyamos cultura. El caso es que si el límite estaba en 500000 habitantes, Dresde, la Florencia del Elba, andaba por los 350000. Y aquella mañana la gente se levantó a trabajar. Sin miedo a las bombas. Los médicos trajeron a niños al mundo; y los carniceros despacharon filetes y alguien prepararía un guiso especial. Y luego kaboom; la Luna al descubierto. Kurt Vonnegut lo vio. Eso dice él.
Y después del prólogo, viene la historia de Billy Pilgrim (curioso apellido). En el primer capítulo te la cuenta entera, nace, se va a la guerra, está en el bombardeo de Dresde, vuelve, se hace optometrista, pasa un tiempo en un psiquiátrico, se casa con una chica que no puede dejar de comer, se hace el dueño de la compañía de su padre, tienen dos hijos. Entonces él tiene un accidente de avión siendo el único superviviente; pero teniendo recuerdos de haber sido abducido por los Tralfalmadorians (tralfalmadorianos, supongo en español) y de haber sido capaz de viajar en el tiempo a lo largo de su vida.
Esto es una mera excusa para el propósito del libro; que para mí es el horror y el absurdo de tratar de entenderlo.
Por lo que he puesto anteriormente, la novela es totalmente atemporal. Es una historia lineal contada a trompicones, según el viaja a través de ella. Y la forma en la que se describe el absurdo del horror es brutal. Ahí tiene una cierta reminiscencia a Apocalypse Now, con el grupo de niños soldados (no en vano el libro "se apellida" The Children's Crusade) y el patetismo de la guerra. Hay una frase que dice algo así como
También tiene unas metáforas estupendas, y unas contradicciones que elevan a la voz sosa que te narra con toda tranquilidad la experiencia alienígena de Billy Pilgrim. Incluso los caramelos que come su mujer significan algo. Y para mí, eso dice prácticamente de forma automática merece la pena leérselo.
A veces se repite más que el ajo y algunas partes se hacen un poco pesadas, pero en general es un libro muy, muy bueno y muy recomendable.
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Tengo ganas de escribir y ponerme autobiográfica. Pero no de la mía; o a lo mejor sí. Me he leído el Adversario y me he dado cuenta de lo fácil que es fingir que sigues estudiando la carrera. No sería la primera persona en ir a prácticas sin haber pisado la facultad de Medicina un sólo día. Es curioso que el tío elijiera esta carrera y eso le desquiciara tanto. Probablemente estoy viendo cosas donde no las hay, pero me resulta curioso que justamente eligiera esa vida con la carrera de medicina.
Tengo compañeros que cogen apuntes para ser leídos por otros y susceptibles de tener un estallido tan silencioso y tan violento, aunque espero que no lo hagan.
Todo esto es del Adversario, libro sobre el que divagaré algún día.
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Después de tanto estudiar bioquímica, me he acordado de una frase que alguien dijo que sonaba a algo como "No, yo como muchos donuts, lo que pasa es que pienso mucho y los quemo."Así que un día de estos explicaré qué son los cuerpos cetónicos y qué pasa si consumes más azúcar del que necesitas.
jueves, 1 de septiembre de 2011
De bibliotecas
Tanto tiempo en las bibliotecas me está llevando a una obsesión malsana por ellas. Cada vez más las analizo con más detalle; distingo las pisadas de unas flip-flop a deportivas a bailarinas; elijo mi spot cuidadosamente seleccionando entre luz, temperatura, vistas y compañía; tengo fichados los baños, las expendedoras, los céspedes y los rincones solitarios... todo eso de 9 a 9. Amortizo bien el día.
La fauna de la biblioteca de medicina es aburrida; ya nos conocemos todos las caras. Modelos de anuncio de Ralph Lauren. Intentos de modelos de anuncio de Ralph Lauren que salen en los panfletos de la pescadería de su padre. Pijales que llevan la raya del pelo combinada con la raya del polo. Tirados. Más tirados. Gente normal de boli en la cabeza o la camiseta un día sí o un día no.
Lo divertido son las bibliotecas "generales".
Después de mi intento fallido de estudiar en la biblioteca de mi barrio, me he ido a "otra" más guay, con más luz y más expendedoras (aunque echo de menos el Carrefour de las coca-colas a 70 céntimos el litro y medio).
Fui por las condiciones de estudio. Me quedo por la gente.
El martes me enfadé con Álex porque se quedó sopa; así que decidí que mi arroz iba a estar muy aguado también. Cogí uno de los tuppers más grandes que tenía por casa y le eché aquella pasta blanquecina con un pequeño toque de tomate Orlando. Sin sal.
Creo que su intento de no comerse aquella amalgama fue una de las mejores cosas que me ha pasado en mucho tiempo. Casi, casi, un momento no vivido.
La fauna de la biblioteca de medicina es aburrida; ya nos conocemos todos las caras. Modelos de anuncio de Ralph Lauren. Intentos de modelos de anuncio de Ralph Lauren que salen en los panfletos de la pescadería de su padre. Pijales que llevan la raya del pelo combinada con la raya del polo. Tirados. Más tirados. Gente normal de boli en la cabeza o la camiseta un día sí o un día no.
Lo divertido son las bibliotecas "generales".
Después de mi intento fallido de estudiar en la biblioteca de mi barrio, me he ido a "otra" más guay, con más luz y más expendedoras (aunque echo de menos el Carrefour de las coca-colas a 70 céntimos el litro y medio).
Fui por las condiciones de estudio. Me quedo por la gente.
- Modernas: como se han dado cuenta que el look de polito claro y vaqueros de los 80 no estaba lo suficientemente desfasado, han decidido dar el siguiente paso. Eso significa combinar gafas al estilo Rayban años 50 de las que llevaba su abuelo, con un estupendo estilo capilar de loca despeinada de la época Victoriana (con el mismo rubio desteñido que da el agua oxigenada), camisetas de puntilla recortadas de un camisón y chaquetas al más puro estilo proletario. Normalmente, estudian Derecho, Empresariales y las más modernas publicidad.
- Modernas religiosas: mismo look que la moderna vintage, pero con crucifijo de las JMJ o en su defecto, cruz fashion. La longitud de sus pantalones cortos es inversamente proporcional a la de su crucifijo. Eso sí, por arriba blusa ancha.
- El modelo de colonia: pelo despeinado, camisa a rayas en tonos pálidos o si es muy moderno camisa de cuadros; bermudas,
alpargatasesparteñas. Cuatro collares de chiringuito de playa y una pulsera tobillera que te regaló tu novia / tu amiga de la playa; con la que sales en todas las fotos del yate. Son tan auténticos como tu bronceado marítimo, a coste de papá. Y tan feos como sus descendientes.
- Los playeros: son la versión cutre de los anteriores. Parece que se habían levantado para bajar a la piscina de la "urba" y al darse cuenta de que estamos en Septiembre hubieran sacado el bronceados y metido a cascoporro unos apuntes. Con esos pantalones de telita y esas camisetas manchadas de césped, casi te esperas que como Aquaman dejen un chorrillo de agua cuando se levantan de la silla. Alternativa a esta versión están los rastas-no-me-preocupa-mi-imagen; que llevan ochenta anillos en el pelo.
- Pokeros NO; GRACIAS
- Cómo estudiar en verano
- Slaughterhouse 5
- El relato de Swanney in English
- Cómo afrontar primero de medicina y no morir en el intento
- El adversario, por qué me gustó más Capturing the Friedmans y por qué entiendo que haya gente que finja matricularse en medicina
El martes me enfadé con Álex porque se quedó sopa; así que decidí que mi arroz iba a estar muy aguado también. Cogí uno de los tuppers más grandes que tenía por casa y le eché aquella pasta blanquecina con un pequeño toque de tomate Orlando. Sin sal.
Creo que su intento de no comerse aquella amalgama fue una de las mejores cosas que me ha pasado en mucho tiempo. Casi, casi, un momento no vivido.
domingo, 28 de agosto de 2011
Lo no-vivido
Este Agosto para mí ha sido un no-verano. Tampoco es que yo sea de estas personas que se visten de ibicencos en cuanto abren las piscinas y fingen vivir en una película de Lizzie McGuire, pero ahora mismo hasta lo hecho de menos.
Dentro de ese no-verano de inglés, biblioteca y flexos, una sola experiencia me ha cambiado la vida. Un encuentro con la muerte en una vuelta al pasado. Una experiencia absolutamente cíclica que me ha dejado desarrapada. Quizá por eso estoy en la inopia con bioquímica; porque cuando uno se enfrenta con el dolor, la rabia y el pasado se queda atontado. Y como no sé qué me ha golpeado más fuerte, estoy haciendo un copy-down de todo lo que ocurrió. Desde que me subí en el bus verde de Larrea hasta el olor a esencia de coco de la puerta de mi habitación. Sin un discurso dominante, sin una tesis entre líneas, sin añadir una mentira; pero tampoco como un diario. Una big voice constante planeando desde lo alto de la coleta. Aunque, quienes hayais escrito alguna vivencia personal, sabreis que esto es imposible.
Esos dos días pertenecen a lo no-vivido. Por eso nunca hablo de los viajes en el blog. Para mí algunos momentos, en especial los viajes, pertenecen a lo no-vivido. Quienes me conozcais sabreis que yo no tengo privacidad. Hablo tan tranquilamente de los del 15-M como de mi invasión regular por las cándidas. Pero sí tengo intimidad. Como cualquiera.
Tengo miedos, y expectativas, y problemas y deseos freudianos que arrastro desde antes de nacer. Tengo conflictos heredados de tiempos bíblicos. Y en ese rincón de mi psique están almacenados muchos conflictos. Creo que soy sincera y no escondo ninguna vivencia allí; pero a veces ellas solas se pierden y aparecen un día por sopresa, como el día en el que Swanney, Álex y yo hablamos sobre la humillación fumando en la terraza. Y como ese día surgió, como ese día me apeteció hablar de ello, hablamos.
Quizás de esta copia surja un relato, con una tesis sobre el dolor, el recuerdo, la inocencia o las tres cosas a la vez, quizás saque una idea en limpio y la cuelgue en este blog o muy improbable lo envíe a un concurso, o quizás lo deje a medio escribir.
El caso es que mientras estudio bioquímica, aparecen en mi cabeza una cama amarilla de un hotel en Barcelona, el aire gris de Londres revolviendo unas sábanas empapadas, un cable de alta tensión saltando entre casas arboladas con el barniz de la muerte brillando a media tarde.
Dentro de ese no-verano de inglés, biblioteca y flexos, una sola experiencia me ha cambiado la vida. Un encuentro con la muerte en una vuelta al pasado. Una experiencia absolutamente cíclica que me ha dejado desarrapada. Quizá por eso estoy en la inopia con bioquímica; porque cuando uno se enfrenta con el dolor, la rabia y el pasado se queda atontado. Y como no sé qué me ha golpeado más fuerte, estoy haciendo un copy-down de todo lo que ocurrió. Desde que me subí en el bus verde de Larrea hasta el olor a esencia de coco de la puerta de mi habitación. Sin un discurso dominante, sin una tesis entre líneas, sin añadir una mentira; pero tampoco como un diario. Una big voice constante planeando desde lo alto de la coleta. Aunque, quienes hayais escrito alguna vivencia personal, sabreis que esto es imposible.
Esos dos días pertenecen a lo no-vivido. Por eso nunca hablo de los viajes en el blog. Para mí algunos momentos, en especial los viajes, pertenecen a lo no-vivido. Quienes me conozcais sabreis que yo no tengo privacidad. Hablo tan tranquilamente de los del 15-M como de mi invasión regular por las cándidas. Pero sí tengo intimidad. Como cualquiera.
Tengo miedos, y expectativas, y problemas y deseos freudianos que arrastro desde antes de nacer. Tengo conflictos heredados de tiempos bíblicos. Y en ese rincón de mi psique están almacenados muchos conflictos. Creo que soy sincera y no escondo ninguna vivencia allí; pero a veces ellas solas se pierden y aparecen un día por sopresa, como el día en el que Swanney, Álex y yo hablamos sobre la humillación fumando en la terraza. Y como ese día surgió, como ese día me apeteció hablar de ello, hablamos.
Quizás de esta copia surja un relato, con una tesis sobre el dolor, el recuerdo, la inocencia o las tres cosas a la vez, quizás saque una idea en limpio y la cuelgue en este blog o muy improbable lo envíe a un concurso, o quizás lo deje a medio escribir.
El caso es que mientras estudio bioquímica, aparecen en mi cabeza una cama amarilla de un hotel en Barcelona, el aire gris de Londres revolviendo unas sábanas empapadas, un cable de alta tensión saltando entre casas arboladas con el barniz de la muerte brillando a media tarde.
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